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Bebes y mascotas

 

La llegada de un bebé al hogar siempre implica un gran cambio para todos los integrantes de la familia, y eso también incluye a la mascota que vive allí.
Normalmente, este tema genera muchas dudas, ya que existe cierto miedo a las futuras interacciones entre el niño y el perro. Por fortuna, la mayoría de las mascotas miran a los niños con curiosidad y no presentan signos de agresividad hacia ellos. Sin embargo, algunos perros pueden percibir a los bebes como un mamífero extraño y una posible pieza de caza, sobre todo, aquellos que nunca han visto a uno y, por tanto, no pueden reconocerlo como una cría de los seres humanos.

Minimizar los cambios
El médico veterinario Sergio Aguayo, past president de Mevepa (Sociedad de Médicos Veterinarios y especialistas en pequeños nimales), comenta que todo dependerá del grado de cercanía que la mascota tenga con su dueño.
“Si es una mascota extremadamente regalona, la incorporación de este nuevo miembro a la familia pudiera ser un poco más complicada. Por ello, es fundamental no hacer cambios radicales que pudan afecta al perro, pues ello lo estresa más allá de la cuenta”, afirma el veterinario.
Una vez que el bebé está en casa, el perro puede realizar actividades destructivas para llamar la atención o hacerlo simplemente para aliviar el aburrimiento. Puede ocurrir que, si se trata al animal más severamente cuando se aproxima al niño, o se le aísla para no molestarle, éste puede establecer una asociación entre el niño y el nuevo trato. Por ello es aconsejable que el perro participe de la nueva situación familiar, pero siempre bajo una supervisión permanente, para que aprenda a incorporar al bebé como un miembro más de la familia.
Es esencial recordar que un animal no debe estar solo con un niño en ningún caso, lo que implica una vigilancia permanente.
“Uno de los principales errores que se comenten es aislar al bebé del perro, pero eso es contraproducente,pues es natural que la mascota sienta curiosidad por el bebé”, comenta el profesional.
Antes de que éste llegue a la casa, se debe establecer un horario regular de alimentación y paseos que se ajuste a la realidad de las futuras circunstancias. Deberá respetarse cuando el niño esté presente. Las áreas donde permanece el bebé tendrán un olor característico al emanado por los artículos que utiliza el niño (pañales, lociones, polvos y otros objetos), que es interesante para el perro. Se debe acostumbrar a ellos olfateándolos antes de la llegada del bebé.
Al momento de hacer la presentación con la mascota, alguien debe hacerse cargo del pequeño para que el propietario pueda supervisar al perro. El animal puede oler y explorar al bebé. Si se manifiesta temeroso del niño, es aconsejable hablar suavemente con él, frotarlo, darle masajes y animarlo para seguir oliendo al bebé. Otro dato es que no hay que sostener ni mover al pequeño en el aire delante del perro, pues podría incitar al animal a arremeter contra el niño. Esta es una conducta inapropiada y potencialmente peligrosa.

En síntesis, lo importante es tomar este proceso con naturalidad, y siempre bajo una permanente supervisión de
los padres.